Una Transición Reparadora
Las reparaciones climáticas no son una demanda simbólica ni negociable: son una exigencia legítima, urgente e impostergable.
En el marco de la Conferencia Internacional sobre la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles, 180+ organizaciones de distintos países, territorios y luchas exiguimos que la reparación del daño climático sea un eje central de las discusiones y de las decisiones políticas que se adopten en la Conferencia. Este respaldo colectivo demuestra que existe un consenso claro:
¡No puede haber transición sin justicia, ni justicia sin reparación!
Los impactos del extractivismo fósil —inundaciones, sequías, desplazamientos forzados, pérdida de biodiversidad y afectaciones a la salud— ya ocurrieron y siguen ocurriendo. Ignorarlos es perpetuar la injusticia. Por eso, abandonar los combustibles fósiles debe ir acompañado de responsabilidades legales, históricas y financieras por los daños causados, y de mecanismos reales de reparación para las comunidades afectadas.
Las 180+ firmas reunidas son un paso firme, pero no suficiente frente a la magnitud del daño y al poder de los intereses fósiles. Hoy más que nunca necesitamos una voz colectiva desde organizaciones ambientales, de derechos humanos, movimientos comunitarios, pueblos indígenas, juventudes y redes de justicia climática hacia los Estados en la conferencia. Una voz que reclamen un camino hacia una transición reparadora que cumpla con sus obligaciones legales.
📢 Este es un llamado directo a las organizaciones de la sociedad civil:
Si su trabajo defiende la vida, los territorios y la justicia climática, esta lucha les pertenece. El derecho a reparaciones implica el cese al daño y esto solo se logra elimando los combustibles fósiles. La reparación es no dejar en el olvido las comunidades desplazadas, los ecosistemas destruidos, los pueblos sin hogar y nuestro bienestar amenazado. La Carta Abierta reafirma que la transición energética debe ser justa, reparadora y centrada en las personas, exigir responsabilidades a quienes causaron el daño y acompañar a quienes hoy cargan con sus consecuencias. Este fue solo el primer paso y ahora debemos organizarnos para hacer que nuestras voces muevan a los países a cumplir con sus obligaciones legales. La reparación del daño climático es nuestro derecho y una obligación del Estado.
La Conferencia de Santa Marta puede marcar un punto de inflexión, pero solo si logramos que las reparaciones climáticas ocupen el lugar que les corresponde en la agenda política internacional. Aún estamos a tiempo. Porque sin reparación, no hay transición justa.
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