Como a las ocho de la mañana, Elba y su familia empezaron a escuchar los primeros tumbos de las olas en la playa. En la costa de Ahuachapán, en El Salvador, estaban acostumbradas a escuchar el mar. Pero esta vez era diferente. Las olas eran tan fuertes que avanzaban golpeando y lanzando arena hacia las casas. Era lo que llaman “mar de fondo”. Para la una de la tarde, el mar había avanzado tanto hacia la casa de Elba, que ya era imposible quedarse ahí. Una lancha pasó rescatándolas, pero no pudieron sacar nada. Conforme se alejaban, dejaban atrás todas sus pertenencias y unas cuarenta casas en una situación similar a la suya. La familia se vio forzada a cruzar la frontera hacia Guatemala, donde pudieron albergarse durante ocho meses antes de regresar a El Salvador, para empezar de nuevo.


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