Alimentación

Seguridad alimentaria en tiempos de crisis

La lucha contra el hambre y malnutrición sigue siendo un desafío global. A pesar de que se producen suficientes alimentos, las tendencias recientes apuntan a que el mundo no logrará el objetivo del hambre cero para 2030.  En esta nota veremos algunos factores que provocan que millones de personas sufran inseguridad alimentaria, el impacto del sistema alimentario global y algunas alternativas.

Fotografía cortesía de la finca agroecológica familiar “Parcela Lobo”. San Luis, Monteverde.

Tener acceso a alimentos es una necesidad humana fundamental. La seguridad alimentaria implica: tener acceso físico y económico a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para llevar una vida activa y saludable. El acceso físico y económico significa tener ingresos para comprar alimentos, la infraestructura para acceder a los sitios donde los venden, o disponer de tierra para poder producirlos. La cantidad y calidad son esenciales, ya que un escaso acceso a alimentos saludables, contribuye a la desnutrición, así como al sobrepeso y a la obesidad. 

Una crisis dentro de la crisis. El informe más reciente sobre el estado de la seguridad alimentaria y nutricional, señala que la cantidad de personas que actualmente se encuentran en condición de desnutrición ronda los 691 millones, y dicho informe sugiere que la pandemia de COVID-19 puede agregar entre 83 millones y 132 millones de personas al número total de desnutridos en el mundo en el 2020, dependiendo del escenario de crecimiento económico. 

A pesar de que producimos alimentos para los más de 7 mil millones de habitantes del mundo, aún así, hay casi 700 millones de personas con hambre. Entonces, ¿qué pasa con los alimentos que no se aprovechan? Existen diversas razones, entre ellas el desperdicio y pérdida de alimentos. Aproximadamente un 30% de los alimentos que se producen cada año son desperdiciados y perdidos. 

La pérdida de alimentos sucede en los primeros eslabones de la cadena de suministro, se da en los países productores y se debe principalmente a la falta de tecnologías, infraestructura y transporte. Mientras que, en los países del norte global, el desperdicio de alimentos es el resultado del despilfarro y la ineficiencia en el final de la cadena de suministro de alimentos, es decir, en el consumo. Por lo cual, la inseguridad alimentaria se da, mayormente, por una cuestión de falta de acceso a alimentos, que afecta en mayor medida a las poblaciones pobres. Por lo tanto, reducir la pérdida y el desperdicio, y mejorar la eficiencia de la cadena de suministro puede ayudar a disminuir la brecha entre la producción y el acceso.

Por otra parte, un tema relevante alrededor del sistema alimentario y agrícola, es el mercado globalizado de semillas y agroquímicos. Desde hace muchos años, las tierras cultivables vienen siendo redirigidas desde la producción local y de pequeña escala a una de escala industrial, en donde pocas industrias o multinacionales agrícolas están controlando el mercado de semillas y agroquímicos. Por ejemplo, agroempresas gigantes como Bayer-Monsanto, Dow-DuPont y Syngenta, controlan aproximadamente el 75% del total del mercado de semillas global. Esta consolidación de mercado en la industria de alimentos, hace que los agricultores sean más dependientes de estos insumos dados por pocos suplidores, quienes deciden qué siembran, cómo siembran, y para quién. 

Así que el modelo alimentario y agrícola actual beneficia a unos pocos a expensas de muchos: los pequeños agricultores de nuestra región y otros países ven afectados sus medios de vida rurales y soportan una inmensa presión debido al sistema alimentario globalizado que favorece a la industria agrícola de gran escala.

Otro tema controversial en torno a la seguridad alimentaria es el consumo de carne. De acuerdo con la ONU la producción de carne a escala industrial, usa más recursos como agua, energía, y tierra, que cualquier otro sector agrícola. En el mundo, se están cultivando cereales  para consumo de animales en vez de usarlos para consumo humano. Un dato relevante, es que, dependiendo de la forma de producción, se requieren 1.500 litros de agua para generar un kilo de granos y diez veces esa cantidad para producir un kilo de carne, lo que lo hace un sistema ineficiente. Sin embargo, formas eficientes de producción de carne son posibles. Tal es el caso de la ganadería en Costa Rica, la cual es un ejemplo de producción sostenible, como se menciona en un reciente artículo sobre carne y acción climática.

El cambio climático también es un factor que amenaza la seguridad alimentaria global. Las temperaturas cada vez más altas, los cambios en los patrones de precipitación, y la escasez de agua alteran la idoneidad de muchas regiones para la producción de alimentos.  La agricultura es el segundo rubro más importante de emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente por el uso de fertilizantes nitrogenados sintéticos y cambio de uso de suelo, es decir,  deforestación de bosques para cultivos agrícolas. Por otro lado, una agricultura sostenible adaptada al clima trae soluciones científicas que la convierten en un aliado y componente clave para la reducción de emisiones globales. 

Como hemos visto, nuestro ineficiente sistema alimentario global ha centrado la atención en la producción y beneficio a corto plazo, más que en la sostenibilidad a largo plazo; el cual amenaza la salud humana y la sostenibilidad ambiental, junto con otros problemas relacionados como la inequidad, la pobreza y el cambio climático.

Los patrones actuales de producción a escala industrial, y el consumo de alimentos, con implicaciones sociales y ambientales, no consiguen abordar el desafío mundial. En el futuro, habrá que alimentar a más personas y la seguridad alimentaria está en crisis. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible buscan dar una respuesta internacional para desatascar esta preocupante situación. No hay una única solución al problema…entonces, ¿qué podemos hacer?

Problemas sistémicos requieren soluciones sistémicas. Debemos resolver las causas estructurales con enfoque que considere a múltiples niveles (política pública, nacional y regional), y sectores a través de esfuerzos conjuntos (público, privado, sociedad civil, e individuos). 

Tenemos que avanzar hacia un sistema agroalimentario más sostenible. Los suelos, los océanos, los bosques y su biodiversidad son nuestros proveedores de alimentos. Una adecuada gestión de los recursos naturales es clave para la vida. Devolver los nutrientes que el suelo ha perdido por medio de la agroecología que considera equidad, apoya mercados locales, y que abre las mejores opciones y oportunidades para las poblaciones rurales agrícolas. 

Sensibilizar sobre la salud y la sostenibilidad. Revisar nuestros patrones de consumo. Con cambios en el comportamiento de los diversos sectores, desde el gobierno, empresas y consumidores, podremos gestionar los recursos de manera más sostenible. Desarrollar políticas públicas y apoyo tecnológico que ayude a reducir el desperdicio de comida y las pérdidas posteriores a la cosecha.

Existen ejemplos positivos y oportunidades de cambio que han surgido a raíz del COVID-19: mayor apoyo a productores locales, muchas personas han implementado huertos familiares en sus casas, un movimiento de solidaridad y de organización comunitaria. 

Transformación del redondel de Cerro Plano en huerta comunitaria. Fotografía cortesía de Corclima Monteverde.

Un ejemplo de ello es la comunidad de Monteverde, altamente afectada por la crisis del COVID-19. El cierre de fronteras y restricciones provocó que muchas familias quedaran sin ingresos económicos. Ante esta crisis, Monteverde fortaleció su organización comunitaria para incentivar la economía local. Mediante la creación de comités, alianzas y plataformas de recaudación de fondos, han logrado financiar proyectos y atender las necesidades más urgentes de la población local. 

Un proyecto reciente que surgió a raíz de la pandemia fue la transformación del redondel de toros de Cero Plano en una huerta comunitaria. Allí se empezará a cultivar alimentos saludables a cambio de trabajo de voluntario. Este proyecto tendrá un impacto directo en la seguridad alimentaria de aproximadamente 32 familias de la zona de Monteverde. 

La educación también es una gran herramienta para impactar de forma positiva en la vida de las personas. Enseñar a las próximas generaciones a observar su conexión con la tierra y los alimentos. Como sociedad, preguntémonos ¿de dónde viene este producto?, ¿quién lo produjo?, ¿cómo fue producido? Recordemos que hay una historia detrás, con un significado más profundo. Hubo personas que sembraron la semilla, la cuidaron y la cosecharon, hasta llegar a nuestra mesa. Esto nos puede conectar y dar sentido a lo que comemos.

El COVID-19 nos ha puesto en una encrucijada. Un camino nos lleva de regreso a la dirección en la que con la misma tendencia y sistemas nos han llevado a este momento de crisis. El otro camino, con ejemplos concretos como el de Monteverde, en donde el actuar a nivel local nos permite generar impacto y nos conduce hacia un conjunto de oportunidades sin precedentes, y a la necesidad de hacer un cambio hacia sociedades más justas, equitativas y sostenibles. ¿Cuál camino escogemos?


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