COP25

¿Dónde está Costa Rica en el movimiento global por el clima?

Por Larissa Soto y Fabián Peñaranda. 

En menos de un mes, Costa Rica hospedará la Pre-COP25: una reunión preparatoria para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático de 2015, conocida como COP25, que tendrá lugar en Chile a finales de año. 

La expectativa es alta. Con los eslóganes #QuienDijoQueEsImposible y The Unconventional PreCop, Costa Rica se coloca, no sólo como ejemplo global en la materia, sino orienta el evento al proceso de acción climática. Además, el 26 de septiembre el país recibió oficialmente el premio Campeón de la Tierra de las Naciones Unidas en la categoría de liderazgo político.  

Foto: Gobierno de Costa Rica

¿Hasta qué punto estas discusiones han permeado el grueso de la opinión pública y el involucramiento de la sociedad civil a gran escala? Primero es necesario comprender algunos elementos básicos de las movilizaciones para tratar de comprender la respuesta costarricense en contexto.

El movimiento global por el clima en el último año

El Sur global especialmente ha presentado durante toda su historia intensas resistencias por la defensa de derechos, sitios y comunidades (movimientos ambientalistas en un sentido amplio). Sin embargo, la movilización específica sobre el cambio climático como fenómeno antrópico de efectos globales se puede remontar a 2014. Durante el 2018 y 2019 se ha visto un crecimiento sin precedentes. Debido a las consecuencias del cambio climático, se ha aumentado el tono de urgencia llamándole “Crisis Climática”.

Los medios de comunicación se han atraído particularmente de la figura de Greta Thunberg, joven sueca de 16 años. Cientos de activistas medioambientales, movimientos de base y organizaciones trabajando en la acción climática en los últimos años, ¿cuál fue la ruptura o el éxito de Greta para movilizar aún más personas en favor del tema?.

Foto: The Independent

La semana del 20 de agosto de 2018, Thunberg hace huelga fuera del parlamento sueco, atrayendo a nuevos apoyos y  la atención de medios de comunicación. Tras las elecciones en ese país, inicia la huelga todos los viernes. Gracias a la cobertura mediática y a lo afilado de su mensaje, para abril de 2019 ya ha hablado frente al Parlamento Europeo y en diversas instancias de alto nivel. 

En agosto 2019 Greta llega a América para asistir a dos eventos: Cumbre sobre la Acción Climática (Estados Unidos, septiembre) y la COP25 (Chile, diciembre) después de cruzar el atlántico en el velero Malizia II, imagen que sin duda resultó potente y simbólica.

Hay como mínimo tres claves de los discursos de Greta que, juntas, son un parteaguas con respecto a lo que se venía escuchando en los medios. En primer lugar, insiste en atraer la atención acerca de la ciencia del cambio climático (Unite Behind The Science). Ya desde uno de sus discursos en Londres, en 2018, Thunberg subraya que “la crisis climática ya ha sido resuelta. Ya tenemos todos los datos y soluciones”.

El segundo aspecto recurrente es la llamada de atención por la indiferencia de los gobiernos, es decir, coloca la responsabilidad de enfrentar la crisis menos en los individuos (sin dejar de convocarlos), y les solicita acciones contundentes a las personas en política, especialmente en quienes están a cargo de las negociaciones climáticas.

En tercer lugar, un elemento con frecuencia minimizado, es la llamada a la desobediencia civil. Desobedecer a una obligación básica como ir a la escuela es un inicio que no ha sido interpretado en su totalidad como el gesto simbólico que es. En los volantes que Greta sostuvo fuera del parlamento sueco en 2018 se leía:

“Frecuentemente los niños no hacemos lo que nos dicen que hagamos. Hacemos lo que ustedes hacen. Y como a ustedes los adultos no les importa una mierda mi futuro, a mí tampoco. Mi nombre es Greta y estoy en noveno grado. Y me rehúso a ir a la escuela por el clima hasta las elecciones generales suecas.”

El gesto de la sueca se difundió por internet, fue replicado por miles de estudiantes en todos los continentes, e inspiró el surgimiento de Fridays For Future y movimientos juveniles afines. Estos grupos han organizado varios eventos de huelga internacionales.

El más reciente, del 20 al 27 de septiembre, conocido como Global Climate Strike, tuvo un carácter intergeneracional. Fue respaldado por ONG’s, académicos, empresas, padres de familia organizados, gobiernos locales, medios de comunicación y público general. Sólo el viernes 27 de septiembre, se reporta que las marchas convocaron alrededor de 6,6 millones de personas, en cientos de eventos alrededor del mundo (aún en conteo). El #GlobalClimateStrike ahora se ubicaría como la protesta coordinada más grande en la historia humana.

Lo que no ha recibido mayor atención es que Greta Thunberg se ha alineado abiertamente con Extinction Rebellion, un movimiento que busca conseguir, entre otras cosas, que los países declaren emergencia climática. Esto por medio de la desobediencia civil pacífica, más allá de sólo presentar peticiones escritas o asistir a manifestaciones masivas, y dándole énfasis al cambio sistémico más que individual. 

Esta iniciativa, también de muy rápido crecimiento, tiene sus propios orígenes atrás hasta 2016 con Gail Bradbrook y Roger Hallam. Greta inclusive asiste a la “declaración de rebelión” en el Parliament Square de Londres el 31 de octubre de 2018 y da un pequeño discurso. Alcanza audiencias aún mayores cuando la banda inglesa The 1975, lanza anticipadamente el primer track de su nuevo álbum, y es básicamente un llamado de Thunberg a la desobediencia civil. 

El movimiento, -o los movimientos, si se quiere- se fortalecen a sí mismos, aún cuando tienen sus particularidades. Ya sea con financiamiento, redes sociales, contenido discursivo, cartas abiertas en prensa o acciones puntuales. Fridays For Future logra sumarse a la actividad que ya venían haciendo Earth Guardians, 350.org, March for Science, Greenpeace o el mencionado Extinction Rebellion. 

Foto: Telesur

Sunrise Movement y Zero Hour, por ejemplo, surgen en Estados Unidos en momentos similares pero no directamente relacionadas con la actividad de Greta Thunberg. La primera organización ha atraído una atención masiva sobre el Green New Deal y las próximas elecciones estadounidenses, mientras que la segunda se ha destacado por señalar que los sistemas de opresión (capitalismo, colonialismo, racismo y patriarcado) son los que han ocasionado la crisis. Es decir, en EEUU los estudiantes no estaban “pasivos” a la llegada de Greta, y más que iniciar de cero, el Skolstrejk för klimatet fue la gota que derramó el vaso.

¿Por qué los ticos no se están sumando al movimiento global por el clima?

El primer día delGlobal Climate Strike, un grupo de estudiantes se concentró frente a Casa Presidencial y fueron recibidos por Carlos Alvarado. Días antes, un artículo en The Tico Times convocó a los inmigrantes norteamericanos y europeos a participar en la huelga. Aquí y allá se organizaron pequeñas acciones simbólicas

Si bien existen ONG’s, colectivos ecologistas, asociaciones y actores de diverso tipo trabajando incansablemente alrededor del tema, llama la atención que el público general de un país internacionalmente reconocido por su liderazgo climático, no responda proporcionalmente a la gravedad del problema.

Foto: Fabián Peñaranda

El movimiento global se ha caracterizado por ser de rápida difusión e interconexión. Las redes sociales, los blogs especializados, radio, podcasts, y medios, así como plataformas de difusión científica y de organismos internacionales, han sido claves para el intercambio de ideas. Particularmente notorio que son sectores jóvenes quienes más se están involucrando, y son quienes, en su mayoría, hacen uso de internet, no sólo en poblaciones con alto poder adquisitivo. 

Aquí se encuentra la primera barrera que es la generación de contenido que tenga el potencial de esparcirse por internet con rapidez, claridad y respaldo. La mayoría abrumadora del contenido relevante para la información y organización del público general está en inglés. Los países angloparlantes o cuya población utiliza el inglés ampliamente como segunda lengua, obtienen contenido fundamentado, con estrategias comunicativas bien planificadas, y de primera mano.

No será hasta que más medios costarricenses se le sumen a iniciativas como Ojo al Clima o La Ruta del Clima, que un público mayor tenga las herramientas para generar respuestas informadas, críticas y coordinadas, con suficiente tiempo para convocar a una amplia audiencia. 

La segunda barrera tiene que ver más con la historia del desarrollo del turismo en el país. Durante la década de los noventa, la creciente demanda turística y el interés científico por la biodiversidad de la zona, provocan la inserción de Costa Rica en la esfera mediática internacional y el sector servicios tomó el modelo ecoturístico como política empresarial, inclusive antes de ser parte de las políticas institucionales del país.

Los intereses por este mercado internacional y las campañas “marca país” desencadenadas por parte del Instituto Costarricense de Turismo, consolidan una imagen donde la aventura, el espeso bosque verde y el cuidado por la biodiversidad, están a la espera del extranjero. Una estrategia comunicativa que con el pasar de las décadas, construye una estética sobre el discurso del país y permea los imaginarios del ser costarricense, en función de vender una Costa Rica sostenible para el turismo. 

Foto: Tico Times

La escenificación excesiva de destinos prístinos, acompañados de los slogans “pura vida” o “esencial”, elaboran un paisaje disonante con las problemáticas sociales, ambientales y económicas. Esta construcción histórica podría estar siendo la segunda y principal barrera para que el público general asuma una postura más confrontativa con sus dirigentes. Hace falta discutir públicamente sobre la crisis climática, con criterios científicos y de justicia social. 

Tanto estudios psicológicos como antropológicos subrayan que la identidad de un grupo social influye en sus actitudes y comportamientos ambientales. No sólo se requiere de un “interés” particular por el medio ambiente, sino que elementos como el género, la etnicidad, la estética y la percepción del riesgo juegan un papel relevante. 

Sequía en la Fortuna, Costa Rica.
Foto: Fabián Peñaranda. 

La imagen de Costa Rica como un país comprometido con el medio ambiente, más que impulsar a las personas a participar de los movimientos y las decisiones climáticas, podría estar siendo un obstáculo. El grueso de los y las costarricenses están tomando decisiones con base en percepciones del riesgo complejas, en donde se conjuntan experiencias personales, discursos de un país en paz con la naturaleza, instituciones y marcos legales robustos y las estéticas del paisaje. Así, no es tan raro pensar que los riesgos asociados a la crisis climática aún se perciban ajenos y lejanos.

Sin duda será necesario comprender mejor esta construcción identitaria y cómo interactúa con la percepción del riesgo, de manera que seamos capaces de generar movimientos ciudadanos a la altura del desafío.


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