Desde la COP21

Aspectos claves de una negociación histórica

Comenzaron las sesiones regulares de la Vigésima Primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático  –COP21– en Paris, Francia.

Esta conferencia representa el final de una larga etapa de negociación que empezó en la COP de Durban, en el año 2011, y que deberá culminar en las próximas dos semanas con un acuerdo legalmente vinculante entre los países, que entrará en vigencia en el año 2020.

La urgencia por asumir una acción colectiva contra el cambio climático nunca ha sido mayor. Estamos ante un momento histórico en materia de política climática internacional.

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Foto: Alejandra Burgos @aleburggos

Para poder entender cómo será el acuerdo final que verá la luz en tan solo dos semanas, es necesario comprender algunos de los conceptos que se discuten en el texto negociado. A continuación un detalle de ellos.

Mitigación

Se refiere a la reducción de los gases de efecto invernadero. América Latina en conjunto contribuye solo con un 9,6% al calentamiento global, siendo los sectores más emisores el cambio de uso del suelo, principalmente deforestación y agricultura, que representan alrededor del 65% de las emisiones.

Durante todo este 2015, los países han ido presentado sus Contribuciones Nacionales Previstas y Determinadas –INDC– en dónde cada uno detalla su plan de reducción de emisiones a implementarse durante los próximos años.

La convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático –CMNUCC– dio a conocer un informe realizado en base a la suma de todas las contribuciones presentadas por las diferentes naciones concluyendo que conducen a un aumento de la temperatura de 2.7°C, es decir, por encima de lo considerado seguro para nuestro Planeta. Este informe tomó como insumo las INDC presentadas hasta el 1 de noviembre, de manera que las INDC presentadas con posterioridad a esa fecha no formaron parte del informe.

Además de los esfuerzos individuales de los países, en la COP21 deberá decidirse el objetivo a largo plazo de reducción que nos lleve a una descarbonización de la economía. En la COP de Copenhague se aprobó que 2°C de aumento de la temperatura era el máximo tolerable para la preservación de los ecosistemas y para evitar catástrofes climáticas aún más intensas que las que ya están teniendo lugar alrededor del mundo.

Sin embargo, la mayoría de los países en vías de desarrollo piden una meta de 1.5°C de aumento máximo de la temperatura, ya que su modo de vida y ecosistemas se ven amenazados de darse un aumento mayor. Por otro lado, el objetivo a largo plazo también se podría definir con propuestas más concretas, como 100% de energías renovables para el 2050, y emisiones cero para 2100.

Adaptación

Al mismo tiempo que es importante reducir emisiones también lo es pensar mecanismos para adaptarse y protegerse de las consecuencias del cambio climático que ya impactan a los países de Latinoamérica, como el aumento del nivel del mar, inundaciones o sequías extremas. En París va a discutirse cómo cada país va a presentar sus objetivos de adaptación, qué cooperación va a haber entre países en temas de financiamiento y compartir buenas prácticas para mejorar la adaptación, o cómo revisar si estamos avanzando hacia una sociedad mejor adaptada y resiliente.

El tema de adaptación es uno de los puntos más importantes para Latinoamérica, porque permitirá resguardar la vida en esta parte del planeta, que representa uno de las regionales más vulnerables del mundo ante el calentamiento global. Muchos países latinoamericanos coinciden en afirmar que sin adaptación no se podría firmar un acuerdo global.

Pérdidas y Daños

La financiación es uno de los temas más complejos de las negociaciones de cambio climático. Los países en desarrollo piden financiación a los desarrollados para poder implementar sus planes de mitigación y adaptación al cambio climático. Es una de las formas que tendría el acuerdo de reconocer lo que se conoce como “diferenciación”, que se basa en que los países desarrollados tienen una responsabilidad histórica en la generación del cambio climático y, por lo tanto, deben hacer más esfuerzos para afrontarlo y tienen que colaborar con las naciones en vías de desarrollo.

Es por ello que se creó el Fondo Verde para el Clima, para dar soporte a proyectos, programas, políticas y otras actividades en países en desarrollo, a través de diferentes temáticas preestablecidas. Para asegurar que hay financiación a largo plazo, los países desarrollados se comprometieron a aportar 100 millones de dólares al Fondo Verde para el Clima para el año 2020, –tanto de fuentes privadas como públicas– pero no queda muy claro aún cómo se va a conseguir este dinero ni cómo va a haber un flujo continuo en el tiempo.

Fortalecimiento de Capacidades

 La construcción de capacidades, dentro del marco de la CMNUCC, propone ayudar a los países en vías de desarrollo a una transición hacia una economía limpia, a diseñar planes de adaptación y mitigación para sus regiones, facilitar el acceso a la financiación, fomentar la educación y la conciencia ciudadana, de acuerdo con los intereses de cada país que recibirá la ayuda.

 Desarrollo y Transferencia Tecnológica

Necesitamos una verdadera revolución tecnológica para combatir el cambio climático. Por esta razón, uno de los temas que se tratan en el texto de París es el desarrollo de nuevas tecnologías limpias, y sobre todo, que puedan ser compartirlas con los países en vías de desarrollo. Se hablan temas como eliminar barreras económicas para la transferencia, cooperar en el desarrollo de la tecnología, o asegurarse que esta sea testiada adecuadamente antes de enviarla en modo de ayuda a países en desarrollo.

Transparencia, reporte y revisión

Para asegurar que el acuerdo al que se llegue en la COP21 se cumpla, debe diseñarse un mecanismo robusto de transparencia y revisión del cumplimiento de los objetivos fijados. Por ejemplo, el mecanismo debería demostrar qué cantidad de emisiones ha sido reducida y cómo, o demostrar la eficacia de las acciones de adaptación. También serviría para evaluar el grado de ambición que tienen los compromisos de acuerdo con la ciencia más reciente, para que las partes puedan ver si los esfuerzos tomados van en una buena dirección o, por lo contrario, hace falta mayor ambición. Además, los mecanismos de transparencia ayudarán a monitorear la transferencia de tecnología, capacidades y financiamiento hacia los países en vías de desarrollo, seguir si se está cumpliendo y su eficacia en cuanto a una mejor adaptación y mitigación.

 Acción Pre-2020 (Workstream 2)

 El acuerdo que se logre en la COP21 entrará en funcionamiento a partir del año 2020. Es decir que en los próximos cinco años no hay un compromiso global de reducción de emisiones establecido. Por tal motivo, se creó el “Workstream 2” (la corriente de trabajo 2), donde se desarrollan temas de ambición en reducción de emisiones a corto plazo. Muchas veces las negociaciones sobre este tema se centran en compartir experiencias de buenas prácticas y organizar revisiones técnicas.

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