COLONIALISMO Y SILENCIO

La Justicia Climática es un movimiento político basado en la dignidad y los derechos humanos. El Fondo de Pérdidas y Daños adoptado en la COP28, carece de los elementos básicos para garantizar el acceso a la justicia. La justicia y la dignidad no son de carácter transaccional, esto es algo que los países y algunas ONG han olvidado hace mucho tiempo en la CMNUCC.

Un fondo puede ser un mecanismo financiero funcional, pero no promover la justicia, y así se resume la decisión adoptada hoy. El Fondo de Pérdidas y Daños se ha estructurado dejando de lado los derechos humanos, las responsabilidades comunes pero diferenciadas y los insumos financieros basados en obligaciones. En COP28, ha prevalecido la agenda del Norte Global de evitar responsabilidades históricas y rendir cuentas por el sufrimiento de millones de personas en las comunidades de primera línea. Un resultado basado en el pragmatismo y la “realpolitik” resuena en los pasillos llenos de defensores y negociadores del Norte Global. Este dogma enmascara una postura colonial y poco ética, que acepta los elementos mínimos de la dignidad humana como elementos transaccionales en las negociaciones de la CMNUCC.

Las comunidades de primera línea tienen derecho a reparaciones, esa es la realidad. Cuanto más tiempo los Estados de la CMNUCC no comprendan que las negociaciones deben basarse en el derecho internacional y los derechos humanos, más nos alejaremos de la justicia climática. Un proceso moralmente fallido que reconoce al poder como justicia, no traerá paz ni dignidad.

Lo más probable es que el Fondo para Pérdidas y Daños sea simplemente otro FIF más del Banco Mundial, que exigirá atención pero dudosamente proporcionará los cientos de miles de millones necesarios y mucho menos el reconocimiento de que se ha causado un daño y es necesario rectificarlo. En La Ruta del Clima entendemos que las pérdidas y los daños están definiendo el futuro de nuestra región y que nuestra dignidad no está en venta. Tenemos derecho a un ambiente sano, a los derechos humanos y a proteger nuestros territorios.

Mientras nos preparamos para abordar las décadas de pérdidas y daños que se nos han impuesto, sabemos que las soluciones y la justicia serán impulsadas por las comunidades. Los países desarrollados, en su esfuerzo por dominar la respuesta a la crisis climática, intentan asumir el papel de benefactores en la CMNUCC. Sin embargo, el norte global tiene la obligación de reparar el daño que sus economías tienen al planeta y a nuestras comunidades.

Nosotros en el Sur Global necesitamos líderes, personas con principios que reconozcan la crisis existencial que estamos sufriendo. No tenemos nada que ganar añadiendo más décadas de soluciones falsas. Nuestros  territorios han sido destruidos, nuestros ecosistemas quebrantados y los medios de vida adversamente afectados. Ha llegado el momento en el que no tenemos nada más que perder, y solamente la justicia por la que luchar.


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