Trump: «Vamos a hacer Irán antes que Cuba.»

En este momento, 11 millones de personas, nuestros hermanos y hermanas, sufren una crisis humanitaria innecesaria construida por la voluntad de una persona. Cuba sufre un bloqueo inhumano e ilegal que no le permite acceder a combustible y que condena a su población a sufrir. 

Estados Unidos ha incrementado su presión ilegal bloqueando el acceso de petróleo a Cuba. El combustible es indispensable para la generación de electricidad, abastecimiento de agua, sistemas de saneamiento, atención hospitalaria, transporte público y la producción de alimentos, incluida la irrigación, la cosecha, la refrigeración y la distribución de alimentos.  

El bloqueo ilegal que realiza EEUU contra Cuba ha recibido más de 33 resoluciones en contra de parte de la Asamblea General de Naciones Unidas. En la más reciente votación, aprobada por 165 países se pidió el fin del bloqueo y se reiteró que la Ley Helms-Burton impuesta por los Estados Unidos para el bloqueo, tiene efectos extraterritoriales que afectan la soberanía de otros países y que no cumplen con la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional.(1) 

Múltiples relatores de derechos humanos de Naciones Unidas han denunciado este bloque como ilegal y mencionan que, la “normalización de la coerción económica unilateral erosiona el orden jurídico internacional, debilita las instituciones multilaterales e inflige un sufrimiento inaceptable a las poblaciones civiles”.(2)  Es por esto que nuestros Estados deben tomar acciones colectivas para defender el derecho internacional y los derechos humanos que se ven violentados. 

Colonialismo y nada más

Esta violencia está construida bajo la premisa de la colonización y deshumanización hacia Cuba. La intención de apropiarse de lo ajeno y someter a un país es clara. «Quiero decir, ya sea que lo libere o lo tome. Creo que puedo hacer lo que quiera con ello. Quieren saber la verdad», dijo Trump a los periodistas en un acto de firma en la Oficina Oval.(3)   

Este ataque contra un país en nuestra región es un acto ilegal bajo el derecho internacional y cuyas intenciones son claras, la colonización del territorio cubano. Esta conducta no es nueva para los Estados Unidos, quien ha tomado por la fuerza posesión con fines de colonizar de Hawái, Guam, American Samoa, y Puerto Rico. Además, este país tiene una lista larga de países militarmente intervenidos en las Américas, donde ha desposeído de territorios, explotado económicamente o intentado doblegar gobiernos a su voluntad.   

El bloqueo de Cuba refleja las recientes amenazas hechas por Trump de tomar de vuelta el Canal de Panamá(4) , las amenazas de invasión contra México(5) , las ejecuciones sumarias en el Caribe colombiano, y la intervención militar en Venezuela para confiscar su petróleo. 

La Doctrina Monroe

Lo que en algún momento fue una declaración política de no colonización en el hemisferio americano de parte de un país débil e incipiente bajo el liderazgo del presidente James Monroe en 1823, derivó en el portillo para la construcción del imperio informal Estadounidense en las Americas. No pasó mucho tiempo para que esta doctrina se instrumentalizara para anexar a Puerto Rico (1898) y que se propagase un listado extenso de intervenciones militares y presión indirecta sobre las Américas en estos 133 años.   

Las Américas y su gente como un recurso para explotar ha sido un patrón consistente de la política exterior de Estados Unidos.  La Doctrina Monroe vino a articular la advertencia que el libertador Simón Bolivar plasmaba al preguntarse si “¿Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad?(6) 

Petromilitarismo Estadounidense

El uso de los combustibles fósiles como un arma para doblegar a Estados es de preocupación. Las intervenciones militares ilegales que ha realizado Estados Unidos fuera del derecho internacional y operando contra la Carta de Naciones Unidas están estrechamente ligadas a la economía petrolera.  

Estados Unidos es responsable de aproximadamente el 25% de las emisiones acumuladas históricas de carbono, que causan el cambio climático. Estas emisiones son el resultado del lucro corporativo y la base del modelo económico del petrodolar. Los cuerpos militares son el 4to emisor de carbono a nivel mundial y tienen una simbiosis con la industria petrolera. 

Después de la intervención militar y política en Venezuela, el valor de las acciones de Petroleras Estadounidenses  Chevron y Exxon Mobil subieron un 3% y 6% respectivamente al Trump declarar la reactivación de la explotación petrolera.  

Actualmente, Estados Unidos ha recibido hasta 100 millones de barriles de crudo desde la intervención en Venezuela. Y es de recordar que la Faja del Orinoco tiene las reservas más grandes del mundo: 1,200 billones de barriles aún en el suelo. El incremento de la explotación petrolera en Venezuela para el beneficio del Norte es parte de la estrategia militar para reducir los perjuicios de las operaciones militares en Irán y promover el lucro de EE. UU. por medio de inversiones.(7)  El control de la producción de petróleo venezolano de parte de EE. UU. se da en un contexto de colonialismo, donde Trump, lo reivindica de su propiedad.(8)

Transición lejos de los fósiles

En el contexto de la crisis climática, la acción petromilitar y el colonialismo representan una gran amenaza. La visión de regímenes como el de los EEUU es potenciar la explotación de los combustibles fósiles y negar el cambio climático. Su actuar se enmarca fuera de la comunidad internacional y representan un elemento que agrave exponencialmente el riesgo climático.  

El militarismo, la soberanía y la crisis climática se mezclan poniendo en peligro las vidas y el futuro de América Latina y el mundo. La réplica de este conflicto se refleja en la violencia al otro lado del mundo en el Golfo Pérsico y la inseguridad que esto ha causado. Esta realidad debe permear en las discusiones sobre gobernanza climática y derechos humanos. La sociedad civil debe tomar consciencia del daño inminente a nuestra independencia y para la democracia ambiental.  

Mientras la región se prepara para dialogar en Santa Marta, Colombia sobre la transición lejos de los combustibles fósiles, no podemos obviar el hecho que para convivir como sociedad debe existir justicia. Garantizar la vida en comunidad es responsabilidad de los Estados y la sociedad civil. No podemos ignorar dentro de nuestra lectura política e incidencia, que estamos en una lucha en contra del petromilitarismo y por la paz ambiental. 


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