Gobernanza Climática

NDC de Nueva Zelanda demora la ambición

Foto: Prachatai

Este mes de abril Nueva Zelanda presentó la actualización de su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) para el Acuerdo de París, uniéndose a las naciones que ya lo han hecho. La nación mantiene el mismo compromiso con los objetivos climáticos para el 2030 establecidos en su NDC original, pero retrasa objetivos más ambiciosos hasta que reciba el asesoramiento de su recién establecida Comisión de Cambio Climático.

Bajo el liderazgo de la Primera Ministra Jacinda Ardern y el Ministro de Cambio Climático James Shaw, Nueva Zelanda ha ganado reconocimiento internacional por su liderazgo climático luego de la aprobación de la Ley de Carbono Cero en 2019, la segunda en el mundo. La ley busca reducir a cero las emisiones netas de gases de efecto invernadero que no sean metano biogénico para 2050.

Es fundamental que Nueva Zelanda una vez que se haya establecido un marco de política pública interna siga adelante y mejore su NDC.

Las emisiones per cápita permanecen altas

Nueva Zelanda con una población de poco menos de 5 millones de personas, solo representa el 0,17% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI). Pero en términos de emisiones per cápita por país, tiene una huella descomunal de 17.5 Mt CO2e, la sexta más alta entre las naciones del anexo I (industrializadas). Las emisiones de gases de efecto invernadero en Nueva Zelanda aumentaron en un 24% entre 1990 y 2018.

Si bien las emisiones totales siguen siendo altas, alrededor del 84% de la electricidad del país proviene de fuentes renovables, principalmente geotérmica e hidroeléctrica. Las renovables representan casi el 40% de la matriz energética del país. El resto proviene del petróleo, el gas y el carbón.

El sector agrícola de Nueva Zelanda es un importante emisor de gases de efecto invernadero y responsable de casi la mitad de sus emisiones totales. El metano de la cría de ovejas y ganado es la fuerza impulsora que hay detrás de estas emisiones. La dependencia de las prácticas intensivas en carbono a menudo ha llevado a relaciones polémicas entre agricultores y ambientalistas.

Una historia climática mixta

Nueva Zelanda tiene una trayectoria larga y complicada en lo que respecta a la gobernanza climática nacional e internacional.

En 2006, el país presentó su primer NDC bajo el liderazgo del Primer Ministro John Key y el Partido Nacional de centroderecha. El Climate Action Tracker calificó su objetivo incondicional de reducción del 30% en las emisiones para 2030 de sus niveles de 2005 como “insuficiente“.

Este objetivo modesto es engañoso ya que para 2030 se refiere a las emisiones netas, que son emisiones brutas menos el carbono secuestrado por los bosques. Pero el año base 2005 se refiere a las emisiones brutas. El objetivo de NDC del Nueva Zelanda era en realidad un aumento del 10% cuando solo se utilizan las emisiones netas.

Después de las elecciones de 2017 y el regreso del Partido Laborista de centroizquierda al poder, Nueva Zelanda ha adoptó un enfoque mucho más agresivo en cuestiones medioambientales. Bajo el liderazgo de Ardern y Shaw, co-líder del Partido Verde del país, Nueva Zelanda dejó de otorgar nuevos permisos de exploración de petróleo y gas en alta mar, prohibió las bolsas de plástico de un solo uso y, quizás lo más notable, aprobó la Ley de Carbono Cero.

Shaw presentó la Ley Carbono Cero en mayo de 2019 con el apoyo de grupos ambientalistas como Generation Zero, WWF-New Zealand, Forest & Bird, Oxfam New Zealand y ActionStation. Esta ley apunta a emisiones netas cero para 2050, fue aprobada con un apoyo casi unánime del Parlamento en 2019. Si bien esta Ley acerca a Nueva Zelanda al objetivo de 1.5°C del Acuerdo de París y es un paso prometedor, algunos argumentan que puede que no sea suficiente.

“El objetivo de Nueva Zelanda para 2050 es por lo tanto, consistente con un futuro de 1.5 ° C, pero solo si todos los demás países del mundo descarbonizan exactamente a la misma velocidad que Nueva Zelanda (..) No podemos esperar que todos los países se descarbonicen exactamente al mismo ritmo. Además de estar en desacuerdo con lo que es posible, contradice el Acuerdo de París, que dice que la descarbonización estará basada en la equidad y en las responsabilidades comunes pero diferenciadas”, dijo David Tong, principal activista de Oil Change International.

En conclusión, dijo: “Nueva Zelanda no puede esperar que todos los países reduzcan las emisiones al mismo ritmo que nosotros, una nación colonialista, industrializada, rica, y anglo-mundial”.

Una preocupación importante sobre la Ley de Cero Carbono son sus objetivos relativamente débiles sobre las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero que es 84 veces más potente que el dióxido de carbono. La ley establece un objetivo para reducir las emisiones de metano en un 10% de sus niveles de 2017 para 2030, y una reducción del 24 al 47% para 2050. Esto es particularmente preocupante porque el metano es responsable del 42% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del país.

Un atraso en el objetivo climático

La estructura de la Ley de Carbono Cero dificulta a Nueva Zelanda presentar una NDC más ambiciosa en 2020. La ley establece un marco de presupuestos de emisiones de cinco años que se adoptarán el próximo año. Si bien la esperanza es que el 2020 sea un año histórico para la ambición climática mundial y para mejorar las NDC, Nueva Zelanda no estaba en una posición ideal para entregar objetivos actualizados.

“Esto no es lo que esperaba pero, en última instancia, posiblemente sea mejor”, dijo Tong. “Para el gobierno de Nueva Zelanda mejorar su objetivo para 2030 este año sería establecer un objetivo internacional antes de haber realizado el trabajo de política interna para llegar allí, y eso habría estado en conflicto con el marco de la Ley de Carbono Cero”.

En cambio, Nueva Zelanda está esperando el asesoramiento de su Comisión Nacional de Cambio Climático, formada en 2019; espera recibir la retroalimentación a principios de 2021. Una vez que haya recibido esta información y haya establecido el marco de política pública interna, el país estará en una mejor posición para dar resultados a la comunidad internacional.

Un paquete de estímulo verde COVID-19

Nueva Zelanda también ha estado bajo la atención internacional por su respuesta efectiva a la crisis por el COVID-19. Poco después de que se detectó el virus, el país cerró sus fronteras, impuso medidas estrictas de cierre y ha sido agresivo en la realización de pruebas y el rastreo de contagios mientras intenta eliminar el brote. Ardern, ha mostrado un liderazgo inusual en los últimos meses alentando a la ciudadanía a “ser fuertes y amables” y cuidarse mutuamente durante este tiempo incierto.

La respuesta de Nueva Zelanda a la pandemia es una señal alentadora de cómo podría manejar la crisis climática en los próximos años.

“El Ministerio de Salud ha cambiado muy rápidamente. De lo que fue una respuesta pandémica diseñada de manera efectiva para gestionar el flujo común, a una nueva estrategia de eliminación basada en el asesoramiento científico”, dijo Tong. “Eso muestra que los gobiernos pueden recurrir rápidamente a usar estrategias cuando sea necesario y donde el asesoramiento científico sea tomado en cuenta rápidamente”.

El Partido Verde de Shaw también se ha mostrado firme en pedir una inversión de estímulo post-COVID amigable con el clima. El partido ha estado presionando para un proyecto masivo de infraestructura ferroviaria interurbana, así como una inversión de estímulo de $ 1 mil millones en “empleos basados ​​en la naturaleza” para ayudar a su economía a reconstruirse, mientras se está haciendo la transición hacia un futuro bajo en carbono.

“Es un momento para que los gobiernos, las regiones y las ciudades de todo el mundo se movilicen y desplieguen recursos para enfrentar la crisis climática al mismo tiempo que reconstruyen sus economías, todo mientras crean empleos verdes de alto valor”, dijo Shaw en un artículo de opinión en The Guardian.

El liderazgo que Nueva Zelanda ha demostrado en los últimos meses durante la pandemia refleja, en muchos sentidos, el liderazgo que ha mostrado en cuanto a la acción climática en los últimos años. La administración actual ha tomado medidas importantes para la transición hacia un futuro más sostenible, pero el país debe cumplir compromisos más sólidos con el Acuerdo de París.

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