Agua

LA NIÑA GUARDIANA DEL AGUA

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El interior de la Tierra está compuesto por un entretejido de agua que propicia la vida en el subsuelo; a un elemento de este entretejido se le llama popularmente “vena de agua”.

Las venas de agua son canales por donde fluye un río subterráneo y tienen como función ecosistémica abastecer a un acuífero. Un acuífero, sumado a la micro cuenca donde está ubicado, es conocido técnicamente como “zona de recarga hídrica”.

La tierra funciona como un organismo vivo, diariamente dentro de ella se dan millones de relaciones entre elementos vivos (bióticos) y no vivos (abióticos). Si éstas relaciones emitieran luz y a ésta luz se le asignara un color diferente y si el ojo humano tuviera la capacidad de refaccionar y procesar esa luz, sin duda veríamos un mundo multicolor, aún en el acto más sencillo, como observar a una hormiga alimentándose.

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Cuando una vena de agua se encuentra en un territorio con pendiente pronunciada, es posible que en algún lado exista un ojo de agua. Justamente sobre este último elemento de un ecosistema, se centra la siguiente historia:

La vida en el cerro es sencilla, no hay calles grises ni demasiados autos; y como agradecida por esto, la tierra regala hermosos detalles. Despertar con el canto de un gallo es un privilegio del que Juanita puede sentirse feliz.

Juanita es una niña de cabellos negros y piel morena, alegre y de 8 años de edad. A diario, ella debe asistir a la escuela del pueblo, para esto, debe caminar por 1 hora entre los senderos del cerro. Esto es toda una aventura para una niña de su edad.

A Juanita le gusta estudiar, le dijo a su mamá un día que cuando crezca quiere cuidar de ella y del cerro. Juanita es una niña muy responsable a su edad; tanto que se levanta todos los días a recolectar agua para bañarse ya que en su cerro no hay agua potable ni domiciliar, pero a cambio de eso, a 10 minutos de su casa, de la tierra ha nacido un ojo de agua.

Hoy es uno de esos días. En la cocina de leña su mamá prepara el desayuno, Juanita toma su cántaro y se dispone a caminar. Un sendero puede esconder mucho aprendizaje para una niña. No han pasado 2 minutos y ya ha cuidado sus pasos para no hacerle daño a algún insecto que imprudentemente no preste atención a su andar.

Con sus manos va recolectando flores de campanilla y las va regando por el camino, inocentemente, Juanita está contribuyendo a la polinización entre plantas y a la diseminación de semillas, en ese sendero, posiblemente, en unos días habrá más campanillas y si hay más campanillas, habrá más mariposas alrededor, no olvidemos que en la naturaleza las relaciones entre organismos son interdependientes.

Finalmente Juanita ha llegado al ojo de agua. Cierra los ojos por un instante y se detiene escuchar cómo el agua, con prisa sigue su curso entre las piedras. El ojo de agua es una manifestación de vida, el cerro depende de él y él del cerro. El agua canta con los ritmos que la naturaleza ofrece y Juanita lo comprende muy bien. Abre sus ojos nuevamente, divisa un par de hojas secas y las coloca con suavidad frente a ella, dobla sus rodillas e introduce sus manos juntas en el manantial. Toma un poco de esa agua y bebe muy despacio. El viaje ha valido la pena.

De su boca pequeña un canto de agradecimiento ha nacido. Juanita entiende la importancia de ese ojo de agua y su canto es la mayor expresión de cuidado y gentileza. En el escuchar de su canto, el sol presenta su saludo matinal. Rayos color naranja cobijan el horizonte y en el ojo de agua, Juanita puede ver su reflejo.

Dicen las abuelas que en los ojos de agua fluye el espíritu femenino, las abuelas tienen razón. El ojo de agua ha hablado con Juanita, su reflejo ha respondido a su canto y le ha regalado lágrimas en sus ojos. Lágrimas que forman ondulaciones y que permiten que la silueta de Juanita se expanda en el agua que se mueve con sus emociones.

Ayer al cerro llegó una empresa embotelladora buscando el ojo de agua. Juanita alcanzó a escuchar cuando su madre, quien es de la directiva comunal, explicaba a la comunidad las razones por las que debían organizarse y defender su tierra. Después de estas palabras Juanita se acercó a su madre y le susurró al oído:

-Mamita, cuando sea grande quiero cuidar de ti y del cerro.

Dice la cosmovisión de los pueblos lencas que las niñas son las guardianas del agua.

Juanita es una de ellas.

Dedicatoria:

En el Día Internacional del Agua, quiero dedicar esta historia a todas las mujeres que han ofrendado su vida por defender las fuentes de agua y sus territorios.

América Latina es el lugar en el planeta más peligroso para las personas defensoras de los derechos de la Tierra, es por esta razón que en esta fecha importante para el mundo, es necesario detenernos a reflexionar sobre la importante labor que realizan las y los defensores de los bienes comunes.

A todas y todos, gracias por sus luchas.

*Este artículo fue publicado inicialmente en La Juventud Opina. Les invitamos a visitar su página web conocer sobre esta iniciativa tan valiosa.

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